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“Enfermedad y muerte de San Juan de la Cruz”

Enfermedad y muerte de San Juan de la Cruz

Juan de Yepes nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, pequeño pueblo abulense. En el año 1567 fue ordenado sacerdote y un año después fundó el primer convento de Carmelitas Descalzos, que practicaban a ultranza la contemplación y la austeridad. Más conocido como San Juan de la Cruz, su muerte aconteció en Úbeda, en diciembre de 1591, y, precisamente, tras algo más de cuatro siglos desde este fatal desenlace, un estudio reciente ha revelado que su fallecimiento se debió a una erisipela que apareció en su pierna derecha y que degeneraría en una septicemia. A pesar de los cuidados dispensados por un cirujano, su pierna no logró cicatrizar por la entidad propia de la enfermedad y por la debilidad del enfermo, fruto de sus continuos ayunos.

Dr. José Antonio Trujillo Ruiz Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas

Las horas del reloj de la iglesia del Salvador en Úbeda (Jaén) marcaban las 12 de la noche, invitando al paso del 13 al 14 de diciembre de 1591. Un fraile salió de la celda en la que se encontraba fray Juan de la Cruz, para tocar a maitines. Al oír las primeras campanadas el fraile enfermo preguntó: “¿A qué tañen?”. Tras escuchar la respuesta, exclamó: “Gloria a Dios, que al Cielo los iré a decir”. Acto seguido, puso sus débiles labios en un crucifijo que sostenía entre sus manos y musitó: “Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Inclinó su cabeza y al momento expiró. Su frágil cuerpo repleto de llagas, maloliente, comienza en ese momento a despedir un olor a rosas (1).

Todo eso ocurría en Úbeda, mientras los carmelitas descalzos del convento de La Peñuela, de donde había partido hacía unas semanas, acuden a su iglesia. Van extrañados al oír el sonido de las campanas en una hora tan inusual. Allí encuentran al ya santo, celebrando la Santa Misa ayudado por un ángel, quien, con un gesto bien expresivo, invita al recogimiento a los sorprendidos religiosos, que aún no conocían la noticia (2).

Tras su muerte, sus restos mortales salieron furtivamente de Úbeda con destino a Segovia. Este traslado estuvo rodeado de una serie de misteriosos elementos que favorecieron su inclusión en la novela española por excelencia, Don Quijote de la Mancha (3).

Así, el ingenioso hidalgo se encontró con la comitiva fúnebre en Sierra Morena. En ese lugar, Don Quijote, al ver ese singular grupo humano, le espeta a que se identifique, pensando que se encontraba ante una nueva aventura. Éstos, por llevar prisa, desatienden la llamada del caballero, hecho que hace que arremeta contra ellos y atrape a uno de sus miembros, que quedó malherido. Éste le reveló que se trataba de un cortejo fúnebre de una persona estimada y buena y que procedían de Baeza. La aparición de esta nueva ciudad jienense viene a indicar que, como parece que sucedió, fue en esa ciudad cercana a Úbeda donde se organizó el traslado para evitar la alarma de los vecinos, quienes hubieran podido hacer peligrar la misión.

No sabemos a ciencia cierta si Miguel de Cervantes se refería al traslado del santo carmelita en ese capítulo de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, aunque sí resulta curioso que en ese mismo capítulo del libro, tras el suceso narrado, es donde por primera vez quiere el manchego que se le llame “El Caballero de la Triste Figura”.

Le dice a Sancho: “Y así, digo que el sabio ya dicho te habrá puesto en la lengua y en el pensamiento ahora que me llamases “El Caballero de la Triste Figura”, como pienso llamarme desde hoy en adelante; y para que mejor me cuadre tal nombre, determino de hacer pintar, cuando haya lugar, en mi escudo una muy triste figura”.

Viaje al convento de La Peñuela

El 1 de junio de 1591 se reunió en Madrid el capítulo de los Carmelitas Descalzos. Este capítulo fue presidio por el vicario general de la Orden, fray Nicolás de Jesús Doría, y asistieron los seis consiliarios, los provinciales y los socios de éstos. Entre los conciliares estaba el padre fray Juan de la Cruz, que venía de Segovia.

Este capítulo no fue muy condescendiente con las tesis de fray Juan de la Cruz, pero se le presentó una nueva ocasión de evangelización. Se leyó en el mismo una comunicación de los Carmelitas Descalzos de México, en la que pedían doce religiosos para aquellas tierras americanas. Nuestro fraile no dudó y se ofreció voluntario a ese nuevo destino. La ejecutiva del capítulo aceptó este ofrecimiento y le nombró presidente de los enviados al Nuevo Mundo.

El padre Doria pudo comprobar que fray Juan de la Cruz no quería volver a Segovia y dispuso que marchara a Andalucía. No le señaló convento alguno, dejándolo a su libre elección. De esta forma, estaría más cerca del puerto de donde tenía que salir rumbo a México.

Partió hacia Andalucía y llegó a La Peñuela, primer convento carmelita andaluz, con el que se encontraban los que venían desde Castilla. Este lugar ya era conocido por el fraile desde el verano de 1591.

Los monjes que vivían en él se sintieron muy honrados con su presencia, y de esta forma fray Juan de la Cruz pidió permiso al Provincial, padre Antonio de Jesús, para permanecer allí. Éste asintió (4).

Tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), gran parte de Sierra Morena había quedado abandonada y deshabitada. Linares, ciudad próxima, había estrenado su privilegio de villa en 1564, y se le asignaban las tierras fronterizas con el camino real cercano a este enclave. Don Alonso Sánchez Chacón, vecino de Baeza, a la muerte de su esposa, se retiró a su propiedad de la Peñuela, cercana a Las Navas de Tolosa. Esta propiedad quedaba en término de Baños, lindando con el de Linares, aunque sabemos que sus propietarios eran de Baeza. Era una especie de nódulo baezano enquistado dentro del término de Linares y Baños.

La misma etimología del nombre del convento nos descubre un lugar donde abundaban las piedras de mediano tamaño, en contraposición con los grandes afloramientos de rocas que emergen al norte de La Peñuela. Se trataba de un pequeño grupo de casas, en un lugar solitario y tranquilo en las estribaciones de Sierra Morena, propicio para el retiro y la oración. Estaba perfectamente comunicado a través del camino real. Núñez Marcelo fue el padre espiritual de la pequeña comunidad religiosa nacida en torno a esas casas. Esta comunidad fue creciendo con la llegada de nuevos religiosos, y sobre todo cuando el padre fray Gabriel de la Concepción, natural de aquella zona, aceptó el hábito carmelita (5).

Pasados los años, en este enclave geográfico el rey Carlos III decide establecer las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, y funda su capital, La Carolina, en 1767.

Enfermedad de San Juan de la Cruz

En la pequeña celda del convento de Jesús María del Monte de la Peñuela, fray Juan de la Cruz escribe a su amiga Doña Ana de Peñalosa, el 21 de Septiembre de 1591, lo que sigue:

“Mañana me voy a Úbeda a curar de unas calenturillas que, como ha más de ocho días que me dan cada día y no se me quitan, paréceme habré menester ayudar de medicina; pero con intento de volverme luego aquí que cierto, en esta santa soledad me hallo muy bien”.

Sabemos que no pudo volver más a La Peñuela, no regresaría más a esa soledad, a ese silencio creador.

Han llegado hasta nuestros días algunos datos importantes sobre la enfermedad del carmelita, que describía a su amiga como de calenturillas.

En su serrano retiro, fray Juan de la Cruz comenzó a sentir un malestar de calenturas, que parecían proceder de la inflamación de su pierna derecha. El reformador no se preocupó en un principio de su mal, pero el empeoramiento de su cuadro y la petición por parte de sus hermanos de que debía acudir a un médico, hacen que tome la decisión de ponerse en manos de un galeno.

Es significativo que en esos días otro hermano suyo de La Peñuela había caído con el mismo mal. Les proponen a ambos que partan a curarse a Baeza. Esta ciudad es a la que acudían los enfermos del convento de Jesús María del Monte de La Peñuela, ya que en el mismo carecían de médicos y medicinas. Fray Juan se resistió en un principio, pero sobre todo tenía claro que a Baeza no iba a partir. Le comentó al otro fraile enfermo que él iría a Úbeda, ya que en esa ciudad no era conocido, cosa que no ocurría en Baeza. El hermano aceptó su decisión y le acompañó a esa ciudad.

Llegaron a Úbeda, y a los pocos días la enfermedad de fray Juan de la Cruz se declaró con toda su intensidad. Su pie inflamado había empeorado y se le habían formado cinco llagas (6).

Fue atendido por el cirujano Ambrosio de Villareal (7), que se vio obligado a sajar la pierna enferma. No utilizó en exceso los calmantes y, según parece, su tijera fue generosa en su corte. Se cuenta que el fraile enfermo comentó: “¿Qué ha hecho vuestra merced, señor licenciado?”. “Hele abierto a vuestra reverencia el pie y la pierna, y me pregunta qué le he hecho”, contestó don Ambrosio. Fray Juan le dijo al hermano enfermero Diego de Jesús: “Si es menester cortar más, corte y enhorabuena y hágase la voluntad de mi señor Jesucristo”.

Su evolución fue cada día peor. Los medios terapéuticos que podían utilizarse en aquella época eran muy escasos. Desgraciadamente, los antibióticos no se conocían.

El cuerpo del enfermo parecía un retablo de dolores. Su enfermedad no se limitaba a las piernas llagadas, se había propagado a la espalda y un tumor se había abierto en ella. Las múltiples llagas, su debilidad y el dolor le impedían cambiar de postura. Colgaron del techo una soga que caía sobre la cama, y asido a ella podía moverse algo.

Al enfermo se le escuchaba en ocasiones decir: “Más paciencia, más amor, más dolor”.

La evolución fue cada vez peor, su enfermedad se generalizó a todo su cuerpo y, finalmente, fray Juan de la Cruz falleció el sábado 14 de diciembre de 1591 en Úbeda.

En noviembre de 1992, un año justo después de la celebración del cuarto centenario de su muerte, se dieron a conocer las conclusiones derivadas del estudio del cuerpo del santo realizado por un grupo de científicos. Este análisis aclaró definitivamente la enfermedad y la causa de la muerte del santo carmelita.

El trabajo fue realizado por Nazareno Gabrielli, químico y director del laboratorio de Museos Vaticanos, María Venturini, Máximo Benedettucci, arquitecto, y Ezio Fulcheri, anatomopatólogo. El estudio concluía que San Juan de la Cruz murió debido a una erisipela que apareció en su pierna derecha, y que degeneró en una septicemia. A pesar de que su pierna fue cuidada por un cirujano, parece ser que no pudo cicatrizar por la entidad propia de la enfermedad y por la debilidad del enfermo, fruto de sus continuados ayunos (8).

La erisipela era una enfermedad muy frecuente antes de la era antibiótica. Los estreptococos son patógenos casi exclusivamente humanos, y prácticamente el hombre es su único reservorio. El contagio habitualmente se realiza por el contacto con otras personas afectadas de piodermitis estreptocócica.

Estos hechos nos hacen lanzar una hipótesis sobre el origen de la enfermedad del santo en La Peñuela. Era conocida la afición que tenía fray Juan de la Cruz por trabajar en la huerta del convento junto al hermano Cristóbal, por lo que en esas tareas pudo fácilmente ocasionarse diversas lesiones en las piernas, en forma de pequeñas heridas. Éstas son necesarias para la posterior infección por el estreptococo. Conocemos que en esas fechas también existían otros frailes con males semejantes a los de fray Juan de la Cruz. Podemos pensar que nuestro santo se contagió de alguno de sus compañeros enfermos. De esta forma, es muy plausible que adquiriera conforme a nuestra hipótesis la erisipela el santo carmelita.

Fama de santidad

La fama de santidad del carmelita descalzo se extendió por la comarca de La Peñuela antes incluso de iniciarse su proceso de beatificación, que culminó en 1675 por el Papa Clemente X, y de su canonización, en 1726, por el Papa Benedicto XIII.

En la época colonial, donde nace La Carolina en el siglo XVII, se mantuvo la devoción al “santico”, no sólo auspiciada por algunos carmelitas que quedaron en las colonias, sino por la dimensión de santidad que se fue ganando. Años después, en fecha incierta, fue proclamado Patrón de La Carolina. También es Patrón de la localidad San Carlos Borromeo, que el intendente Olavide propuso al Gobierno de las Nuevas Poblaciones en honor de su fundador, Carlos III.

En los últimos años, pese a haberse trasladado su festividad al 14 de diciembre, aniversario de su muerte, La Carolina mantiene la fecha tradicional del 24 de noviembre, o la traslada al fin de semana más inmediato a ese día, según costumbre impuesta en los últimos años con las fiestas de carácter religioso (9).

El santo carmelita, pese a su escasa obra literaria, ha sido reconocido por la Iglesia como Doctor de la misma.

Desde 1952 los poetas hispanos lo tenían como patrón, pero es el 8 de marzo de 1993 cuando el Santo Padre Juan Pablo II aprueba canónicamente ese título. En el documento papal para tal efecto se le llama “varón insigne en santidad, sabiduría y mística doctrina, heraldo de Dios y lumbrera de la Iglesia, autor en lengua española de poemas admirables que mueven el ánimo de quienes los oyen o leen hacia la suprema Hermosura, la eterna Verdad y el infinito Bien”.

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Autor:

mi solidaridad y mi esfuerzo para todos

5 comentarios sobre ““Enfermedad y muerte de San Juan de la Cruz”

  1. La evolucion, durante casi tres meses, desde la infeccion de la piel hasta la septicemia, me parece muy prolongada para una bacteria tan virulenta como el estreptococo piogenes.

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