Publicado en Psiquiatría

Hacia nuevos sistemas de diagnóstico:proceso,preguntas y dilemas

 

 

 

 

 

 

El diagnóstico en psiquiatría — tópico fascinante y de crucial importancia para muchos, incierto y difuso para otros— se está convirtiendo rápidamente en un tema clave de interés en los círculos académicos y…

Rev Psiquiatr Salud Ment. 2010;3:37-9.

El diagnóstico en psiquiatría — tópico fascinante y de crucial importancia para muchos, incierto y difuso para otros— se está convirtiendo rápidamente en un tema clave de interés en los círculos académicos y clínicos, a lo largo del mundo. Es bien conocido que 2 grandes organismos, la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association, APA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), están colaborando en la elaboración de las nuevas ediciones de sus manuales de diagnóstico: la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) de la APA, y el apartado Salud Mental de la undécima edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Los grupos de trabajo y los comités que abordan esta área tan compleja están también intentando responder a preguntas sumamente interesantes y resolver dilemas cuya complejidad va en aumento. En general, el proceso no solo es un reto intelectual, sino también social y cultural; y, si tenemos en cuenta factores tales como la globalización, la migración, las diferencias ideológicas, los conflictos, los desastres naturales, la crisis económica y mucho más, el tema posee además relevancia política1,2.

Si tomamos el DSM-IV-TR como ejemplo, diversas áreas de diagnóstico psiquiátrico se enfrentan, en primer lugar, a importantes limitaciones. Es bien conocido que debido a la falta de información uniforme sobre la etiología y fisiopatología de los trastornos mentales, el DSM-IV-TR se basa principalmente en criterios de diagnóstico descriptivo; sin embargo, los criterios son una mezcla de síntomas y características conductuales que conducen a sistemas de diagnóstico basados en el consabido «consenso de expertos»3. Además, existen relaciones poco claras entre validez, severidad, discapacidad y algunos aspectos cuantitativos del diagnóstico. Perfilar los puntos de intersección de la transición de la normalidad a la patología (off-cutting points) en términos de gravedad, por ejemplo, daría lugar a opiniones sumamente incompatibles en los distintos puntos del espectro clínico4 que se han recomendado para cada uno de los principales grupos de trastornos mentales.

Por otro lado, se acepta cada vez más que, a pesar de los grandes adelantos logrados en torno a las bases neurocientíficas de los trastornos mentales, no existen actualmente biomarcadores bien definidos que se puedan utilizar en psiquiatría clínica. Tendrán que pasar varias décadas para que esto suceda5. Esto, junto con la ausencia ya admitida de signos o síntomas patognomónicos en psiquiatría, ha conducido a realidades clínicas tales como tasas elevadas de comorbilidad, cantidad excesiva de diagnósticos «sin especificar» (NotOtherwiseSpecified (NOS), heterogeneidad entre pacientes que, en teoría, pertenecen al mismo grupo, y un curso clínico que, debido al modo en que se lleva a cabo el proceso de diagnóstico, puede parecer predeterminado y artificial6. En estas circunstancias, el diagnóstico diferencial, un ejercicio clínico esencial para la buena práctica, puede resultar difícil y confuso…(…)

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mi solidaridad y mi esfuerzo para todos

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