Publicado en Ciencia, Psiquiatría

“La fotógrafa Rania Matar entra en las leoneras-refugio”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La fotógrafa Rania Matar entra en las leoneras-refugio de las habitaciones de adolescentes.

■Ha retratado a 300 muchachas de EEUU y Oriente Medio para el proyecto ‘A Girl and Her Room’ (‘Una chica y su cuarto’).
■Pretende documentar el espacio personal del tránsito hacia la edad adulta.
■”No están listas para entregar su niñez, pero el espejo está siempre ahí: un recordatorio de cómo las ve el mundo exterior”.

Rania Matar es una reconocida y premiada fotógrafa especializada en entrar en territorios sobre los cuales la iluminación es tenue o, en ocasiones, inexistente. Sus fotos son documentales y predominante sobre asuntos relacionados con las mujeres.

Nació en Beirut (Líbano), creció durante la guerra civil de 1975, y se trasladó a los EE UU, donde vive, en 1984. Tras trabajar como arquitecta, descubrió su pasión por la fotografía y ha logrado vivir de ella. También da clases de fotografía documental en el prestigioso Massachusetts College of Art and Design. Todos los veranos se traslada a los campos de refugiados de Líbano para impartir talleres a chicas adolescentes.

Ha firmado proyectos de gran impacto: The Veil (El velo), Forgotten People (Los olvidados), Haiti: Dignity and Poverty (Haití: dignidad y pobreza) y Ordinary Lives (Vidas corrientes). Éste último fue, en 2009, su primer libro monográfico.

El último de sus grandes reportajes es The Girl and Her Room (Una chica y su cuarto), que terminó el año pasado, obtuvo varios premios y está a punto de ser publicado en libro.

Retratos de tweens
Es una idea fascinante (entrar en la intimidad de los cuartos-leonera de chicas adolescentes o en los primeros años de la veintena, la franja de edad que los estadounidenses llaman tween, entre teenager, de 13 a 19, y early twenty, venteañero temprano), que Matar desarrolló a partir de la observación de los cambios que se estaban produciendo en su hija y sus amigas.

“Me fascinaba la transformación que estaba sucediendo, con la edad y la personalidad adultas asomando y las inseguiridades ocupando el lugar del mundo protector en que las chicas habían vivido hasta entonces”, explica.

Los primeros intentos de documentar en fotos el proceso fueron un fracaso. Matar empezó retratando a grupos de amigas: “Eran demasiado conscientes de la presencia de las demás chicas y el sentido de grupo, de pandilla, afectaba a la manera en que deseaban mostrarse en las fotos”.

A partir de entonces decidió limitar las sesiones a una sola chica cada vez.

La habitación se convierte en
una extensión
de la chica¿Cuándo fue el momento de la revelación en que decididió que allí había un proyecto fotográfico para desarrollar?
Mi hija tenía 15 años y me di cuenta de que era muy distinta cuando estaba con sus amigas, casi como si se tratase de una persona diferente. Las chicas parecían querer demostrar que estaban actuando para las demás y cumpliendo las expectativas de las demás. Decidí que debía fotografiarlas una a una. Les pregunté sobre el lugar donde querían hacer las fotos. Un par de ellas eligieron sin dudarlo sus habitaciones. En ese momento supe que tenía el proyecto. Me di cuenta de que la habitación se convierte en una extensión de la chica, pero también de que la chica, como todo lo demás que hay en ese espacio, forma parte de la habitación.

¿A cuántas chicas ha retratado?
A más de trescientas, en los EE UU y Oriente Medio. El proyecto forma parte de mí, lo considero personal y estos dos lugares están hermanados en mi experiencia vital. No pretendo que sea un trabajo documental.

¿Cómo fue su relación con ellas?
Empecé con mi hija y sus amigas, pero me di cuenta enseguida de que sería mucho más provechoso, divertido e interesante construir desde la nada una relación fotógrafa-modelo. Nunca hubo grandes expectativas desde ninguno de los dos lados. La relación se basaba en la diversión, la intimidad y la colaboración. Con cada chica pasé una media de dos horas una vez que ellas entendían la idea.

¿Tomaba usted decisiones o participaba en el vestuario o los objetos con los que aparece cada chica?
Todo lo que aparece en cada una de las fotos estaba de antemano en la habitación. Nunca añadí nada. Lo normal era que no tuviese ninguna idea de antemano… Tras un tiempo con la chica en el cuarto entre ambas decidíamos qué debía aparecer en la foto. Aprendí a descubrir a las chicas a través de sus lenguajes corporales y sus habitaciones… A veces movía algo levemente para mejorar el encuadre, pero no modificaba la habitación. Otras veces eran ellas quienes me sugerían lo que debía aparecer en las fotos. Me encantaba que lo hiciesen… Quería estar segura de que las fotos representasen a las modelos.

Las chicas sienten la presión de un modelo socialUsted sostiene que estas jóvenes “se ven obligadas de pronto a comportarse como adultos. ¿Las presiona la sociedad? ¿Los padres? ¿Se presionan ellas mismas?
No creo que los padres las presionen de una manera consciente. La sociedad sí lo hace. Pero también las presionan sus cuerpos en desarrollo. Puede que todavía piensen como niñas, pero no lo parecen en su aspecto. Es decir, se espera de ellas que se comporten como personas adultas, pero no se sienten adultas. Es una navegación difícil hacia la condición de mujer joven. Los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto retratan a las mujeres de éxito como flacas y bellas. Estas chicas, con sus cuerpos en transformación, sienten la presión de encajar en ese modelo para poder sentirse cómodas consigo mismas.

¿Qué conclusión sacó después de entrar en tantas habitaciones de tweens?
La tensión que mencioné en mi anterior respuesta está presente en todas las habitaciones. Las fotos pegadas en las paredes son de top models, grupos de rock o estrellas de cine, pero las camas están todavía llenas de peluches de su niñez de los que no quieren desprenderse. La mayor parte de las chicas están enganchadas a esos objetos, fotos o sábanas. No están todavía preparadas para entregar su niñez… Y el espejo, siempre presente, como un recordatorio de cómo las ve el mundo exterior.

Las chicas de los campamentos de refugiados tienen espejosLa habitación es un refugio ¿Puede ser también una celda?
La veo más como un refugio, un capullo, un vientre. No me parece que sea una celda, pero quizá es el otro lado de la moneda. Prefiero pensar en la habitación como el lugar tranquilo donde las chicas pueden ser ellas mismas y estar en una zona de comodidad; el lugar que pueden decorar, destrozar, en el que pueden almacenar sus cosas, colgar sus imágenes favoritas y, básicamente, controlar un mundo que parece inabarcable e incontrolable. Incluso en los campamentos de refugiados palestinos, donde las chicas no tienen casi nada en términos de posesiones, conservan ese sentimiento de ser ellas mismas en sus habitaciones, que casi siempre comparten con primos o sobrinos. ¡Y también tienen espejos! Y se preocupan por su aspecto, su ropa y su feminidad…

Una pregunta personal. ¿Cómo era su habitación a los 16 años?
¡Ojalá alguien la hubiese fotografiado! Recuerdo que estaba pintada de color naranja, que tenía un gran oso de peluche y mis posters de estrellas del rock (mi favorito era el francés Johnny Halliday). Tenía mis adorados discos de vinilo y casetes y una verdaderamente única colección de metralla y balas, cortesía de la Guerrra Civil del Líbano.

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Autor:

mi solidaridad y mi esfuerzo para todos

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