PSIQUIATRÍA
Área Científica/Especialidades/Psiquiatría
Fuente: http://psiquiatria.diariomedico.com

PODRÍA MODIFICAR LA ARQUITECTURA FUNCIONAL DEL CEREBRO

 

La TEC podría tratar la depresión al alterar la conectividad

La terapia electroconvulsiva (TEC), que constituye la estrategia más potente para la depresión mayor, podría actuar modificando la arquitectura funcional del cerebro, según un estudio que se publica hoy en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

La primera firmante del trabajo es Jennifer Perrin, de la Universidad de Aberdeen (Reino Unido).

A pesar de que la TEC se ha utilizado durante más de 70 años, todavía no se comprenden bien los mecanismos que subyacen a su acción en el cerebro.

Los investigadores evaluaron mediante resonancia magnética funcional la conectividad cerebral de nueve pacientes con depresión mayor que habían sido tratados con TEC con buenos resultados.

Al parecer, la TEC reducía la conectividad global en la región cortical prefrontal dorsolateral izquierda, una parte del cerebro que ha sido relacionada con los trastornos depresivos y que se sabe que influye en la función cognitiva.

Terapias no invasivas
Los investigadores llevaron a cabo análisis adicionales que les permitieron confirmar que la TEC reduce la conectividad de las redes funcionales cerebrales asociadas a la citada región. Asimismo, observaron que estos cambios estaban asociados a mejoras significativas en los síntomas depresivos de los pacientes.

Estos hallazgos revelan que un aumento de la conectividad podría desempeñar un papel importante en la depresión. En opinión de los autores del estudio, conocer cómo funciona la TEC permitiría en el futuro reproducir sus efectos terapéuticos con procedimientos mucho menos invasivos que la terapia electroconvulsiva.

(PNAS. DOI: 10.1073/ pnas.1117206109).
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PSIQUIATRÍA

POR LOS CAMBIOS BRUSCOS DE ESTACIÓN 

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La primavera eleva la serotonina pero no asegura el buen ánimo


Lejos de mitos y refranes, la primavera influye en el estado de ánimo de forma positiva en la mayoría de las personas sanas, pero también descompensa o acentúa patologías psiquiátricas como el trastorno bipolar y el trastorno afectivo estacional.
Pilar Laguna. Murcia   |  20/03/2012 00:00
El refranero español recoge en sentencias contradictorias el ir y venir del ánimo cuando la luz alcanza su esplendor tras la oscuridad del invierno. La primavera la sangre altera reflejaría cierta euforia, mientras que mañanitas de abril qué buenas son de dormir, se inclina hacia la abulia o el apego a las sábanas. Ambos refranes tienen razón a la vista de los trastornos que el cambio estacional brusco produce en algunas personas. Pero no todas estas alteraciones son patológicas ni tienen la misma prevalencia en distintas regiones del planeta. En España no serían demasiado perceptibles, y aún menos en el sur que en el norte, porque en invierno también disfrutamos de luz solar.
Los neurotransmisores serotonina y melatonina tienen bastante que ver con los cambios cerebrales que implican la luminosidad y la oscuridad, respectivamente, pero en personas sanas sólo suelen producir ligeras modificaciones en el estado de ánimo que no requieren tratamiento, ni siquiera cuando inclinan al lado más triste. Cuando irrumpe la luz primaveral lo normal sería sentirnos más alegres por el bienestar que induce la serotonina, tras el aletargamiento invernal ligado a la melatonina, pero estos mecanismos varían en diferentes individuos, según Francisco Toledo, psiquiatra del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca (Murcia).
“La tristeza no es un trastorno único de la depresión ni debe recibir tratamiento, de la misma forma que los psiquiatras no tratamos la alegría, salvo que signifique euforia en el sentido de manía o hipomanía”, ha explicado en la III Semana Internacional del Cerebro, celebrada en la Real Academia de Medicina de Murcia.
Diferencias
Toledo ha establecido diferencias entre el efecto cotidiano de los cambios estacionales y el que se produce en personas con trastornos psiquiátricos, en los que sí es importante el tratamiento farmacológico. “Hay personas que aprovechan la primavera para estar más activos, trabajar más, celebrar fiestas, hacer viajes, interrelacionarse, etc. En definitiva, se sienten más vivos que en invierno; pero también las hay que sienten irritabilidad, y en ambos casos son reacciones normales si no se extreman”.
Sin embargo, entre el 2 y el 6 por ciento de la población sana sufre un trastorno afectivo estacional en otoño que tiene entidad propia, sin ser depresión recurrente, ni trastorno bipolar ni ciclotimia, que se da en personas susceptibles a la falta de luz. En España son casos más bien excepcionales porque no hay cambios muy bruscos de la oscuridad a la luz intensa pero, en todo caso, pueden aliviarse con luminoterapia artificial.
El cambio de estación también puede afectar a la personalidad ciclotímica, aunque este tipo de trastorno si es leve no tiene mucha importancia -los ciclotímicos no suelen ir al psiquiatra-. “Pero si se extrema, en realidad ya se trataría de un trastorno bipolar, que puede cursar también con trastorno estacional, y que hay que tratar con medicamentos estabilizadores”.
Eso no significa que la fase de euforia o maníaca de estos enfermos se dé en primavera y la de depresión en otoño; cada individuo tiene un índice de polaridad -el estudiado por el psiquiatra Eduardo Vieta-, que facilita la identificación de la siguiente fase de la enfermedad según la polaridad dominante.





“Conocer si el paciente tiene más episodios de euforia o de depresión (2 de cada 3 episodios ya inclinan la balanza) nos ayuda a conocer la historia natural del trastorno bipolar y si tiene o no trastorno estacional”. Al tratarse de un trastorno cíclico recurrente, se puede calcular cómo será la próxima fase y elegir la terapia adecuada entre los tres grupos de estabilizadores del ánimo: litio, antisicóticos atípicos y anticomiciales.

Estos avances desmitificarían en parte la idea de la depresión primaveral al no afectar a la globalidad de los enfermos, si bien los depresivos constituyen dos terceras partes de la polaridad predominante.
En definitiva, otro refrán español se hace cargo de esta heterogeneidad casuística: Parte su tiempo abril entre llorar y reir.
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