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MADRID, 16 Oct. (EUROPA PRESS) –

La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) está preparando un documento para apoyar que el cigarrillo electrónico sea considerado como un medicamento y, por tanto, pase por los procesos de validación basados en estudios y ensayos clínicos.

Así se ha anunciado durante su 37 Congreso Nacional, donde diversos expertos han destacado la necesidad de “diferenciar” los tratamientos farmacológicos de primera línea para dejar de fumar, de estos dispositivos ya que actualmente “hay muy pocos estudios serios y científicos” que avalen que ayudan a abandonar el tabaco.

De hecho, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que no hay evidencia que demuestre que el cigarrillo electrónico ayude a dejar de fumar e, incluso, la Agencia Americana del Medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) advierte de que el consumo de cigarrillos electrónicos podría aumentar la adicción entre los jóvenes y estimularles a fumar cigarrillos tradicionales.

Y es que, tal y como ha recordado el coordinador del Grupo de Trabajo de Tabaquismo de Semergen, José Luis Díaz-Maroto, los tratamientos convencionales o tratamientos farmacológicos de primera línea para dejar de fumar (terapia sustitutiva con nicotina, bupropión y vareniclina) tienen desde hace años una eficacia comprobada.

“Cuando un paciente fumador quiere dejar de fumar sin ningún tratamiento, las posibilidades de éxito se sitúan en torno a un 5 o un 10 por ciento, pero cuando se utiliza tratamiento farmacológico adecuado las posibilidades de éxito se multiplican por tres y hasta por cuatro, es decir, se alcanza una tasa de éxito del 30 al 40 por ciento”, ha apostillado el experto.

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EL 90% CONTIENE NICOTINA

En la actualidad, los cigarrillos electrónicos son dispositivos que en el 90 por ciento contienen nicotina, por lo que no pueden situarse dentro de ningún esquema terapéutico posible, ya que no son medicamentos. Lo que sí se asume es que, al menos, “es mejor” fumar cigarrillo electrónico que cigarrillo tradicional, debido a que el primero no tiene combustión y contiene menos sustancias tóxicas.

Se estima que un fumador promedio toma cerca de 15 bocanadas en un cigarrillo, lo cual va de 1 a 2 miligramos de consumo de nicotina por cigarrillo. Comparativamente, 15 bocanadas en un cartucho de 16 miligramos de un cigarrillo electrónico equivaldrían a 0,15 miligramos de nicotina.

En este contexto, Díaz-Maroto ha destacado el papel que desempeña el médico de Atención Primaria y ha abundado en la necesidad de que se “impliquen” en la prevención, diagnóstico y tratamiento de los pacientes fumadores, de la “misma forma” que lo hacen en el abordaje de otras patologías crónicas como la hipertensión, diabetes o hipercolesterolemia.

“Es indispensable reforzar la idea de que el tabaquismo es enfermedad adictiva crónica, por lo que se precisa un esfuerzo continuo de consejo sanitario, diagnóstico, tratamiento y seguimiento”, ha zanjado.

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