MADRID, 16 (EUROPA PRESS)

Investigadores de la Universidad George Washington, en Estados Unidos, han descubierto que los cerebros humanos exhiben más plasticidad, con propensión a ser modelados por el medio ambiente, que los cerebros de los chimpancés, lo que puede haber influido en parte de la evolución humana.

Este estudio examinó la heredabilidad de la organización del cerebro en los chimpancés en comparación con la de los seres humanos, proporcionando una pista de por qué los humanos son tan capaces de adaptarse a diferentes entornos y culturas.

El equipo de investigación estudió 218 cerebros humanos y 206 cerebros de chimpancés para comparar dos cosas: el tamaño del cerebro y la organización en relación con la similitud genética. Los cerebros humanos eran de gemelos (idénticos y fraternos) o hermanos; los cerebros de los chimpancés tenían una variedad de relaciones de parentesco, incluyendo madres e hijos o hermanos y medio hermanos.

El estudio encontró que el tamaño del cerebro humano y del chimpancé estuvieron ambos influenciados por la genética. En contraste, los hallazgos relacionados con la organización del cerebro fueron diferentes para los chimpancés y los seres humanos. En los chimpancés, la organización del cerebro es también altamente heredable, pero en los seres humanos no es así.

“Encontramos que la anatomía del cerebro del chimpancé está más fuertemente controlada por los genes que la de los cerebros humanos, lo que sugiere que el cerebro humano tiene una forma ampliamente influenciada por el entorno, sin importar su genética”, afirma Aida Gómez Robles, científica postdoctoral en el Centro GW para el Estudio Avanzado de la Paleobiología Humana.

“Así, mientras que la genética determina el tamaño del cerebro humano y del chimpancé, no es tanto un factor para la organización cerebral humana como lo es para los chimpancés”, añade esta autora de la investigación, que se detalla en un artículo que se publica en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

“El cerebro humano parece ser mucho más sensible a las influencias del medio ambiente –afirma Gómez-Robles–. Es algo que facilita la adaptación constante del cerebro humano y el comportamiento a los cambios del entorno, que incluye nuestro contexto social y cultural”.

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