X Jornadas Científicas de la Fundación Alicia Koplowitz

 

738658a2ca2e4ce5268e094e41439fceEl psiquiatra holandés Jim van Os propone transformar la psiquiatría, comenzando por cambios de nomenclatura.

María Sánchez-Monge. Madrid | Maria.Sanchez@diariomedico.com   |  02/11/2015 00:00

El psiquiatra Jim van Os es uno de los impulsores de una transformación profunda de la psiquiatría que va desde cambios en la nomenclatura de las enfermedades mentales hasta el desarrollo de nuevas estrategias de autogestión. Es conocido, sobre todo, por su apuesta de redefinir el concepto de esquizofrenia. Acaba de pronunciar una conferencia magistral en las X Jornadas Científicas de la Fundación Alicia Koplowitz, celebradas en Madrid, en la que ha expuesto su experiencia con el empleo de tecnología digital para ayudar a los pacientes a autogestionar su estado de ánimo.

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Para este experto del Departamento de Psiquiatría y Psicología del Centro Médico de la Universidad de Maastricht (Holanda), ha llegado la hora de superar definitivamente la definición de salud que habla de ausencia de enfermedad y sustituirla por “la capacidad de autogestionar los desafíos físicos, psicológicos y sociales”.

Tecnología digital
Para ese propósito, toda herramienta es bienvenida, y la tecnología es muy socorrida. El equipo de Van Os se ha implicado en una app dirigida sobre todo a gente joven que permite al paciente “hacer un seguimiento de su vida diaria. Es muy sencilla: da una señal diez veces al día, aleatoriamente, y en ese momento la persona tiene que entrar muy brevemente -no más de minuto y medio- dar datos sobre su estado de ánimo, dónde se encuentra, cuál es el contexto, si hay estrés, si hay consumo de drogas…”.Al cabo de una semana se pueden recopilar los datos, que “muestran la variación del estado de ánimo en respuesta al entorno”. Esa información se comenta con el médico, pero el propio programa también envía al interesado feedback sobre las implicaciones de los datos recabados.

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“Lo que realmente importa es la capacidad de producir afecto positivo en la vida diaria. Y los individuos no se suelen dar cuenta de que, aun encontrándose en un bucle negativo, siguen produciendo afecto positivo. Por eso, si haces un feedback dirigido sobre todo a las variaciones de las emociones positivas, se puede mejorar el sistema de recompensa”. Van Os apunta que se trata de “una terapia de tercera generación, centrada más en mejorar lo positivo que en disminuir lo negativo. La medicina del futuro es ayudar a la gente a que se ayude a sí misma”.

En esta línea, el psiquiatra considera que hay que cambiar la nomenclatura de las enfermedades mentales. En primer lugar, por el estigma asociado, por ejemplo, al diagnóstico de esquizofrenia. “En países como Japón equivale a una invitación al suicidio”

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Y, por supuesto, por motivos científicos: “Médicamente, la esquizofrenia no es una enfermedad, sino un síndrome. Cuando le decimos a alguien que tiene esquizofrenia, que es una enfermedad muy grave y que no se va a recuperar, no es la verdad científica. La verdad es que es un síndrome muy heterogéneo. Puedes tener un pronóstico muy grave, pero también recuperarte”.

La prevalencia de lo que Van Os denomina síndrome de asignación de relevancia (en inglés, salience) aberrante sería del 3,5 por ciento, que es el porcentaje de población con síntomas psicóticos. La psicosis sería el elemento común, pero el síndrome mezcla diferentes dimensiones sintomáticas: además de una diferente asignación de relevancia al entorno, cambios en la motivación, afectivos, cognitivos… Un grupo de presión internacional está intentando introducir este nuevo enfoque conceptual en la clasificación internacional de enfermedades de la OMS.

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Genes o ambiente: el eterno debate

La investigación sobre los factores genéticos y ambientales en la esquizofrenia está muy lejos de concluir.

“Lo que estamos descubriendo es que cada persona tiene probablemente miles de variaciones genéticas que aumentan el riesgo de padecer esquizofrenia”, señala Jim van Os. “Y la magnitud del efecto de cada una de esas variantes es mínimo”, añade. “Es una vulnerabilidad humana, tal y como sucede con la depresión”. Pero algunas cosas empiezan a estar claras: “Los factores ambientales con mayor impacto son los que se producen de forma temprana”.

Fuente:

 

http://www.diariomedico.com

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